Carme Sala

Amasar como forma de calma, aprender como forma de vida

Carme Sala, vive en Santa Coloma de Farners (Girona). Allí, lejos de obradores profesionales pero muy cerca del pan hecho con intención, elabora hogazas, cocas y masas de alta hidratación con una mezcla muy suya de curiosidad, constancia y calma.

En su día a día trabaja como monitora de transporte escolar, un oficio que poco tiene que ver con harinas, fermentaciones o tiempos de reposo. Quizá por eso, el pan se ha convertido para ella en un espacio propio, casi íntimo. Un lugar donde el tiempo se estira, la cabeza se ordena y las manos hablan.

Su historia con el pan comenzó de una forma muy sencilla: quería controlar los ingredientes de lo que comía. La primera puerta fue una panificadora doméstica, de esas que entran en casa casi sin hacer ruido. Más tarde llegó un curso online de panes sin gluten, y con él, las primeras masas hechas a mano.
Pero el verdadero flechazo llegó cuando dio el salto a las harinas con gluten.

“Aún hoy me fascina ver cómo mi masa madre se duplica. Con solo agua, harina y fermento natural, nace un pan, un brioche, una coca… ¡pura alquimia!”

Siempre había admirado a las personas capaces de hacer su propio pan. Le parecían casi de otro mundo. Durante mucho tiempo pensó que ella no tendría la habilidad necesaria, que aquello no era para ella. Sin embargo, curso a curso, libro a libro y masa a masa, fue perdiendo el miedo y ganando confianza.
No solo aprendió a hacer pan: aprendió a entenderlo.

El pan que más recuerda no fue el primero. Fue un pan tigre que se le resistió durante dos intentos. Cuando por fin salió como esperaba, la alegría fue tan grande que necesitaba compartirla con todo el mundo. Ese momento marcó un antes y un después: la confirmación de que insistir merecía la pena.

Hoy el pan ocupa un lugar constante en su vida. No solo hornea el pan que necesita para la semana, sino que disfruta participando en retos de masas en Instagram, leyendo libros de panadería y buscando información para seguir aprendiendo.
Le apasionan especialmente los panes de masa madre, sobre todo cuando llevan un pequeño porcentaje de harina integral y cuando el reto sube con altas hidrataciones.

“Me apasionan precisamente porque pueden ser complicados… y a mí me gustan los desafíos.”

El tiempo marca el ritmo. Entre semana, si se queda sin pan, opta por elaboraciones más rápidas con levadura fresca. Pero los fines de semana, cuando dispone de dos días libres, se regala uno entero para experimentar con un pan nuevo, sin prisas y con toda la atención puesta en la masa.

Entre los panes tradicionales que la inspiran están las cocas catalanas, tanto dulces como saladas: la coca de Sant Joan, la coca de flaquer… Pero hay una tierra que la atrae de forma especial: Galicia.
La panadería gallega, sus trigos, sus formas y su cultura panadera la fascinan desde hace tiempo, hasta el punto de convertirse en un sueño muy claro.

Sueña con recorrer Galicia como quien hace una ruta del vino, pero dedicada al pan, con una parada obligatoria en Cea para conocer el Pan de Cea, y desde allí seguir descubriendo lugares míticos como Carral, Neda, O Porriño o la Costa da Morte.

Para Carme, compartir el pan es una forma de cuidar. Le gusta ofrecerlo a su familia y amigos, conocer su opinión, regalarlo como agradecimiento o como forma de celebrar algo especial. Incluso los panes que no salen como esperaba —sí, también aquel que olvidó salar— acaban en la mesa.

Aprendió gracias a cursos online, libros y vídeos, y recuerda con claridad un error que le enseñó mucho: olvidar la sal y comprobar en sus propias manos cómo cambia por completo el comportamiento de la masa. Un fallo sencillo, pero lleno de aprendizaje.

Si tuviera que enseñar algo a otros, no dudaría: el amasado. Ese momento inicial en el que la masa es pegajosa, incontrolable, y poco a poco se transforma en algo liso, elástico y vivo.
En ese proceso descubrió algo importante sobre sí misma: sí tiene habilidad con las manos.

Cuida mucho la calidad de los ingredientes, utiliza masa madre siempre que puede y apuesta por harinas ecológicas. Desea que el auge del pan artesano no sea una moda pasajera, sino una pasión que se quede.

Entre sus primeros referentes están los libros de Ibán Yarza y el trabajo divulgativo de Enharinado. En la actualidad disfruta especialmente aprendiendo de Edu Lavandeira, al que sigue por su dominio de las masas de alta hidratación.
Un libro marcó un punto de inflexión personal y panadero: Los elementos del pan, de Beatriz Echeverría, donde sintió por primera vez que ella también podía hacer pan.


Mirada íntima

Lo que el pan dice de ti… y tú del pan

¿Cuál es ese pan que nunca te cansa, ni de hacer ni de comer?
Siempre elegiría un pan hecho con masa madre de centeno. Es un pan al que siempre vuelvo, tanto por sabor como por carácter.

Si tuvieras que quedarte con una sola harina para seguir horneando, ¿cuál sería?
La harina de media fuerza. Es la más adecuada para hacer pan y me permite adaptarme a muchos tipos de masas.

¿En qué parte del proceso panadero sientes más satisfacción o conexión?
En el amasado. Es donde más conecto con la masa y donde más disfruto del proceso.

¿Hay alguna herramienta que siempre te acompañe?
El termómetro. Me ayuda a calcular bien la temperatura final de la masa y a entender mejor lo que está pasando.

¿Recuerdas alguna hornada que te haya marcado especialmente?
Las primeras hornadas con masa madre. Salían completamente planas, como platillos volantes, pero no me desanimé. Formaron parte del aprendizaje.

¿Tienes algún ritual cuando trabajas la masa?
Me gusta hacer pan por la noche o a primera hora de la mañana, cuando estoy sola y todo está en calma.

¿Qué huele distinto cuando sabes que el pan está saliendo bien?
Más que un olor concreto, lo que siento es calma.

¿Qué te dice el cuerpo cuando llevas muchas hornadas encima?
No suelo hacer muchas en un mismo día. Como máximo, tres. Prefiero disfrutar del proceso.

¿Dónde encuentras calma cuando no estás en la cocina u obrador?
Caminando por la montaña.

¿Cómo celebras que algo ha salido especialmente bien?
Me pongo a cantar O sole mio. Y no, no es broma.

¿Qué persona cercana ha sido clave en tu camino panadero?
Beatriz Echeverría. Con su libro entendí que yo también podía hacer pan.

¿Qué haces con el pan que no sale como esperabas?
Nos lo comemos igual, en familia. Incluso el pan que hice sin sal.

¿Hay alguna frase o hábito que te ayude en los días difíciles?
Escuchar música.

¿Qué libro sientes que te representa o te acompaña?
Dones que corren amb els llops (Mujeres que corren con los lobos). Me ha ayudado mucho en momentos difíciles.


Dónde encontrar su pan

📍 Instagram: @panarra_garrotxina

Una frase que la define

“Soy una auténtica panarra.”

3 comentarios en “Carme Sala”

  1. Me ha encantado leer tu entrevista, estoy deseando que hagas esa ruta del pan gallego y pases por Santiago también, que tenemos tres de las mejores panaderías de España……y así nos conocemos.

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