Molletes
Hay panes que no buscan protagonismo… pero cuando están bien hechos, lo llenan todo. Este mollete nace desde lo sencillo: harina, agua, un poco de levadura y tiempo. Sin complicaciones, pero con intención. Una masa bien hidratada, trabajada con pliegues suaves y llevada al frío para que fermente despacio, desarrollando sabor y textura sin prisas. El resultado es justo lo que debe ser un buen mollete: miga tierna, corteza blanca y fina, y esa sensación ligera que invita a abrirlo con las manos y llenarlo de lo que tengas a mano… o de nada. Porque a veces, lo simple, es lo que mejor funciona.

Elaboración
- 1 Mezcla todos los ingredientes.
- 2 Haz pliegues para desarrollar la masa durante una hora, 1 pliegue cada 15 minutos.
- 3 Bolea con tensión y lleva al frío un máximo de 18 horas.
- 4 Al día siguiente, divide en piezas de unos 120 gramos, bolea y haz un reposo de 30 minutos.
- 5 Forma el mollete aplastando y estirando poco a poco.
- 6 Deja fermentar hasta casi colapsar.
- 7 Precalienta el horno a 200°.
- 8 Pulveriza las piezas y hornea de 15 a 20 minutos, deben quedar firmes pero de color blanco.
La receta que te muestro es para hacerlo en método directo pero puedes hacerlo indirecto también.
En ambos casos, el frío es innegociable, debe fermentar en el frigorífico.
Si optas por el método indirecto, haz un poolish al 100% de hidratación y deja fermentar en frío por 24 horas.
La fermentación posterior de la masa final será menor, apenas 60 minutos, luego en pieza la fermentación será igual, hasta colapsar, así no greñará al hornearlos.
