Dos mitades de un pan casero con levadura mostrando una miga abierta sobre una tabla de madera

Tu primer pan casero con levadura

Hacer pan en casa puede parecer complicado cuando todavía no has hecho ninguno. Quizás pienses que necesitas una amasadora, utensilios especiales o conocer muchas técnicas. Pero para preparar tu primer pan solo necesitas harina, agua, sal, una pequeña cantidad de levadura y un horno doméstico.

El propósito de este primer pan no es conseguir una pieza perfecta. Es que conozcas una masa, observes cómo cambia y compruebes que puedes convertir cuatro ingredientes sencillos en tu propio pan.

Porque a hacer pan se aprende haciendo pan.

En esta guía te acompañaré durante todo el proceso. En la ficha de receta encontrarás las cantidades, los tiempos y los pasos resumidos; aquí vamos a detenernos en lo verdaderamente importante: qué debes observar y qué está sucediendo en cada momento.

Antes de empezar, mira el proceso completo

En este vídeo puedes ver la elaboración completa del mismo pan que vamos a trabajar. No necesitas memorizarla: úsala para reconocer los gestos y vuelve a esta guía cuando quieras comprender mejor cada momento.

Lo que necesitas para hacer tu primer pan

No necesitas comprar utensilios específicos para comenzar. Probablemente ya tengas en casa casi todo lo necesario:

  • Un cuenco suficientemente grande.
  • Una espátula o cuchara para mezclar.
  • Una balanza de cocina.
  • Un paño limpio.
  • Un cuenco pequeño o un escurridor para el último reposo.
  • Papel de horno.
  • Un cuchillo de sierra bien afilado.
  • Una bandeja de horno.
  • Otra bandeja metálica para producir vapor.
  • Una rejilla para dejar enfriar el pan.

La balanza es el único elemento realmente importante. En panadería, pesar los ingredientes permite repetir una receta y entender mejor los resultados. No necesitamos una gran precisión técnica, pero sí respetar unas cantidades básicas.

Los cuatro ingredientes

  • 500 g de harina de trigo.
  • 345 g de agua templada.
  • 9 g de sal.
  • 2 g de levadura seca de panadería o 6 g de levadura fresca.

La cantidad de levadura puede parecer pequeña, pero es suficiente. La masa tendrá tiempo para crecer y desarrollar su sabor sin necesidad de añadir más.

Es importante utilizar levadura de panadería, seca o fresca, y no levadura química para bizcochos.

El agua debe estar templada, no caliente. En el vídeo está aproximadamente a 35 °C, pero no necesitas un termómetro: al tocarla debe sentirse ligeramente cálida y agradable. Si está demasiado caliente, puede perjudicar a la levadura.

Comenzamos mezclando

Pon el agua templada en un cuenco grande y disuelve en ella la levadura. Añade la harina y la sal, y mezcla con una espátula o una cuchara hasta que dejes de ver harina seca.

Después puedes continuar con los dedos, apretando y mezclando la masa para que todos los ingredientes queden bien unidos.

En este momento la masa estará húmeda, irregular y bastante pegajosa. No significa que hayas hecho nada mal. Tampoco necesitas corregirla añadiendo más harina.

Cuando hacemos nuestro primer pan es fácil pensar que una masa pegajosa necesita más harina. Sin embargo, esa agua forma parte de la receta y ayudará a que el pan tenga una miga más ligera. Dale tiempo antes de decidir que existe un problema.

Puedes tener cerca un pequeño cuenco con agua para humedecerte o limpiarte los dedos. Trabajar con las manos ligeramente mojadas resulta mucho más sencillo que cubrir la masa con harina.

Cuando todo esté integrado, reúne la masa en el centro del cuenco y tápala.

Masa de pan recién mezclada, húmeda y pegajosa, dentro de un cuenco de cristal
Al principio la masa es irregular y pegajosa. No necesitas añadir más harina.

Ahora dejamos que el tiempo trabaje

Desde el momento en que mezclamos los ingredientes comienza la fermentación.

Durante este tiempo, la levadura empieza a actuar y la masa va cambiando poco a poco. No siempre verás un crecimiento espectacular desde el principio. Los primeros cambios pueden ser discretos: una superficie algo más lisa, pequeñas burbujas o una masa que comienza a sentirse menos densa.

Después de unos 90 minutos, la masa habrá crecido ligeramente, aunque probablemente todavía no habrá duplicado su volumen. Eso es completamente normal.

Los tiempos de esta receta están calculados para una temperatura ambiente aproximada de 26 °C. Si tu cocina está más fría, el proceso puede necesitar algo más de tiempo. Si está más caliente, podría avanzar más deprisa.

Por eso, el reloj debe servirnos como orientación, no como una orden exacta. Poco a poco aprenderás a observar la masa además de mirar la hora.

Unos movimientos sencillos para ayudar a la masa

Después de esos primeros 90 minutos vamos a ayudar a la masa con unos movimientos muy sencillos.

Humedece una mano. Toma un extremo de la masa, levántalo suavemente y llévalo hacia el centro. Gira un poco el cuenco y repite el movimiento. Continúa así unas 20 veces.

No es necesario contar con absoluta precisión. Lo importante es levantar y llevar la masa hacia el centro desde diferentes lados.

Mientras lo haces, probablemente notarás que empieza a adquirir algo más de firmeza y que resulta más sencillo reunirla. Estos movimientos ayudan a ordenar la masa y le dan fuerza para que pueda retener mejor el gas que se produce durante la fermentación.

No necesitas amasar durante mucho tiempo ni dominar ninguna técnica. Estamos dando una pequeña ayuda; el resto lo harán la fermentación y el reposo.

Reúne la masa formando una bola sencilla, levántala un momento y unta con un poco de aceite el fondo y las paredes del cuenco. Vuelve a colocarla dentro y tápala.

¿Cuándo ha terminado esta primera fermentación?

La masa continuará fermentando hasta completar aproximadamente tres horas y media desde que mezclamos los ingredientes.

Ese tiempo corresponde a una cocina situada alrededor de los 26 °C. No debe interpretarse como una cifra inamovible.

Al finalizar, la masa debería verse más aireada y haber aumentado claramente su volumen. También puede presentar algunas burbujas. No es imprescindible que haya duplicado exactamente su tamaño.

En este primer pan no necesitas saber identificar el instante perfecto. Si la masa ha crecido, se siente más ligera y muestra actividad, ya tienes señales suficientes para continuar.

Masa de pan fermentada con burbujas mientras se comprueba suavemente con la mano
Una masa más aireada, con volumen y pequeñas burbujas nos indica que la fermentación ha avanzado.

Dar forma sin buscar la perfección

Espolvorea una pequeña cantidad de harina sobre la mesa y vuelca la masa con cuidado.

Presiónala suavemente con las manos para repartir parte del gas. No hace falta aplastarla con fuerza ni intentar eliminar todas las burbujas.

Imagina que la masa es un reloj. Lleva hacia el centro una porción situada a las 12. Después haz lo mismo aproximadamente a las 2, las 4, las 6, las 8 y las 10.

Estos movimientos nos ayudan a reunir la masa y crear una forma más ordenada.

A continuación, enróllala suavemente sobre sí misma para darle una forma alargada. Cierra la unión con los dedos y recoge también los extremos para que la pieza quede sellada.

Tu pan puede quedar más largo, más corto o menos regular que el del vídeo. No pasa nada. Dar forma requiere práctica y este es precisamente el momento de comenzar a adquirirla.

El objetivo no es conseguir una figura perfecta, sino reunir la masa para que pueda mantener razonablemente su forma durante el último reposo y el horneado.

El último reposo

Para este reposo puedes utilizar un cuenco o un escurridor. Coloca dentro un paño limpio y espolvoréalo bien con harina para evitar que la masa se pegue.

Introduce el pan con la unión hacia arriba. La parte que ahora queda debajo será después la superficie visible del pan.

Tápalo y mételo en el frigorífico durante unos 45 minutos.

Este reposo en frío ayuda a que la masa termine de prepararse y hace que resulte más fácil volcarla y realizar el corte antes del horneado.

Mientras el pan está en el frigorífico, precalienta el horno a 235 °C. El horno debe estar bien caliente cuando introduzcamos la masa.

Preparar el vapor

El vapor ayuda a que la superficie del pan no se endurezca demasiado pronto. De este modo, la pieza puede seguir creciendo durante los primeros minutos del horneado.

Para producirlo en un horno doméstico no necesitas piedras volcánicas ni ningún utensilio especial. Puedes colocar una bandeja metálica vacía en la parte inferior del horno mientras este se precalienta.

Cuando introduzcas el pan, verterás con cuidado un poco de agua caliente en esa bandeja.

Hazlo evitando acercar la cara y las manos al vapor. No utilices una bandeja de cristal, porque el cambio brusco de temperatura podría romperla.

Si no quieres producir vapor de esta manera, también puedes hornear el pan sin él. El resultado será algo diferente, pero seguirás teniendo pan. Ningún utensilio debe convertirse en una barrera para empezar.

El corte antes de hornear

Saca la masa del frigorífico y vuelca el cuenco con cuidado sobre una hoja de papel de horno. Retira el paño lentamente.

Para hacer el corte no necesitas comprar una cuchilla de panadero. Utiliza un cuchillo de sierra bien afilado.

Haz un corte longitudinal y decidido en el centro del pan, de aproximadamente medio centímetro de profundidad.

Este corte crea un lugar por el que el pan puede abrirse mientras crece en el horno. No tiene que quedar decorativo ni idéntico al del vídeo. En este primer pan buscamos que cumpla su función.

Pan formado con un corte longitudinal sobre papel de horno antes de hornearlo
Un único corte longitudinal es suficiente para que el pan pueda abrirse en el horno.

Hornear el pan

Introduce el pan en el horno precalentado a 235 °C.

En el vídeo, la primera parte del horneado se realiza durante 20 minutos con calor solamente por abajo, sin ventilador. Al introducir el pan, se vierte agua caliente en la bandeja metálica inferior para generar vapor.

Cada horno es diferente. Si el tuyo no permite seleccionar únicamente calor inferior, utiliza calor arriba y abajo sin ventilador. Si ves que la superficie comienza a tostarse demasiado pronto, puedes colocar otra bandeja vacía en una posición superior para protegerla temporalmente del calor directo.

Pasados los primeros 20 minutos, abre el horno con cuidado para que salga el vapor y retira la bandeja utilizada para producirlo.

Continúa horneando otros 20 minutos con calor arriba y abajo y ventilador.

Después, apaga el horno y deja el pan dentro durante otros 10 minutos. Este último tiempo ayuda a terminar de secar y consolidar la corteza.

Los tiempos y programas del vídeo son una referencia. Tu horno puede calentar de una forma diferente. Observa el pan: al terminar debería tener una corteza bien dorada y sentirse ligero para su tamaño.

La última espera también forma parte de hacer pan

Saca el pan del horno y colócalo sobre una rejilla.

Ahora llega una de las partes más difíciles: esperar.

Aunque el pan ya esté fuera del horno, su interior todavía está terminando de asentarse. Si lo cortas inmediatamente, la miga puede quedar húmeda, gomosa o apelmazada.

Déjalo enfriar durante al menos una hora antes de abrirlo.

Ese tiempo también forma parte de la receta.

¿Y si no ha quedado como esperabas?

Tu primer pan no necesita ser perfecto para ser un buen primer pan.

Puede quedar más bajo, tener una miga más cerrada, abrirse por un lugar inesperado o dorarse de una forma diferente. Cada uno de esos resultados te proporciona información para el siguiente.

Si la masa estaba muy pegajosa, no significa necesariamente que tuviera demasiada agua. Quizás solo necesitaba más tiempo o trabajarla con las manos húmedas.

Si el pan creció poco, puede que la cocina estuviera más fría y la fermentación necesitara más tiempo.

Si quedó pálido, probablemente tu horno necesita algo más de tiempo o una posición diferente.

Si la miga quedó algo húmeda, comprueba que el pan estuviera bien horneado y que se enfriara completamente antes de cortarlo.

No intentes corregir todas las cosas a la vez. Haz el pan, observa el resultado y, cuando lo repitas, cambia solamente aquello que creas necesario. Así es como comenzarás a comprender tu masa y tu horno.

No tienes que hacerlo solo

Esta guía pretende acompañarte durante tu primer pan, pero es normal que aparezcan dudas cuando tengas la masa delante.

Puedes utilizar los comentarios de este artículo para hacer una pregunta concreta sobre la receta.

Si necesitas explicar todo el proceso, compartir fotografías de la masa o enseñar el resultado, el foro es el espacio más adecuado. Una imagen y algunos datos sobre los tiempos y la temperatura de tu cocina pueden ayudarnos a entender mucho mejor qué ha sucedido.

Los miembros del canal de YouTube cuentan además con un espacio de acompañamiento más cercano para avanzar y resolver sus dudas.

Pedir ayuda también forma parte del aprendizaje.

Tu primer pan es el comienzo

Cuando saques este pan del horno ya habrás aprendido algo que ningún texto puede enseñarte por completo: cómo se siente una masa y cómo va cambiando con el tiempo.

No hace falta que recuerdes todos los pasos ni que comprendas todavía todo lo que ocurre. Ya habrá tiempo para profundizar.

Lo importante es que has empezado.

Cuando te sientas preparado para continuar, el siguiente paso de esta ruta será crear tu propia masa madre desde cero. Con ella conocerás otra manera de fermentar el pan y te prepararás para elaborar tu primer pan de masa madre.

Pero antes disfruta de este.

Es tu primer pan, y ese pan siempre es especial.

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